Reality boy
…tantos realitys…,
tantos años tratando de ser ciudadano,
tantas veces me han deseado paz y felicidad que nunca llega
tanto taco que se cree gringa
y son unas putas mestizas,
tantos “Pubs” cerrados a media noche
y meadas en plazas solitarias sin perros callejeros.
tanto progreso de algunos,
como algunos leerán mis malditas palabras,
tantos tags que surca los culos,
tantas veces arranqué hasta desgastar los ojos,
tanto sanguijuela con trajes limpios,
tanta gente en la micro manoseándome y yo sin bañarme,
tantos que esperan a la muerte y ésta no les abre la puerta,
tantas ocasiones para ver al Chapulín y no lo hecho.
tanto ruido en las entrañas que no dejan dormir,
tantas veces he lanzado balbuceos con estos símbolos,
tantos días que amanecen sin ser necesario,
y tantas otras cosas más que no digo por tantas.
Cuando niño se subía al cerezo plantado por su abuelo. Le gustaba sentir el viento en su rostro, ser mecido de un lado a otro y ver por encima de los techos la cordillera. Ahora sólo añora el momento de subir a otro árbol antes que los gusanos lo estremezcan.
jueves, julio 26, 2007
viernes, julio 06, 2007
Los hombres no lloran
Los hombres no lloran me decía mi viejo,
cuando sólo era una migaja de huesos y sueños,
cuando el juego era la vida y la vida no dolía.
Pero ahora lo confieso, mi viejo lindo,
lo confieso.
Lloré hasta inundar las paredes con un llanto áspero,
lloré hasta encorvar el cielo y humedecer mis pasos,
lloré de llorar con la esperanza de apaciguar
las marejadas que aún se entrelazan en mis huellas.
cuando sólo era una migaja de huesos y sueños,
cuando el juego era la vida y la vida no dolía.
Pero ahora lo confieso, mi viejo lindo,
lo confieso.
Lloré hasta inundar las paredes con un llanto áspero,
lloré hasta encorvar el cielo y humedecer mis pasos,
lloré de llorar con la esperanza de apaciguar
las marejadas que aún se entrelazan en mis huellas.
jueves, junio 07, 2007
Señores de la calle
y además, están ahí,
plácidos en las manos mansas de sus tintos,
bajo aturdidas miradas que se descuelgan,
acurrucándose uno al lado del otro,
semejan serpientes que han realizado su acto,
a ríos que han bebido del trapecio.
No les importa que fémures y talones ronden por su lecho de adoquines.
Sus sueños no se espantan con los motores que bufan.
Están perdidos en otro mundo,
en otras sombras.
Saben que su partida está a la vuelta de unos pipeños,
por eso escupen el reloj y el jornal,
por eso beben el día y la noche hasta trocarse la lengua.
Ahora sólo duermen.
No preocupándoles si se tomaron hasta el alma o lo que quedaba de ella.
No interesándoles si la baba que chorrea desgarra los estómagos tersos.
No importándoles si sus pedos se cuelan perdidos por la acera.
Se saben, y lo saben bien,
que pueden hacer cuanta cosa en sus dominios.
Al fin y al cabo,
son los señores de estas calles.
plácidos en las manos mansas de sus tintos,
bajo aturdidas miradas que se descuelgan,
acurrucándose uno al lado del otro,
semejan serpientes que han realizado su acto,
a ríos que han bebido del trapecio.
No les importa que fémures y talones ronden por su lecho de adoquines.
Sus sueños no se espantan con los motores que bufan.
Están perdidos en otro mundo,
en otras sombras.
Saben que su partida está a la vuelta de unos pipeños,
por eso escupen el reloj y el jornal,
por eso beben el día y la noche hasta trocarse la lengua.
Ahora sólo duermen.
No preocupándoles si se tomaron hasta el alma o lo que quedaba de ella.
No interesándoles si la baba que chorrea desgarra los estómagos tersos.
No importándoles si sus pedos se cuelan perdidos por la acera.
Se saben, y lo saben bien,
que pueden hacer cuanta cosa en sus dominios.
Al fin y al cabo,
son los señores de estas calles.
lunes, mayo 14, 2007
Niño en la copa de un árbol
Se para el niño en sus manos.
Un adulto camina sin mirar los rostros hundidos en la acera.
Los árboles observan al niño.
Un adulto camina sin mirar los rostros hundidos.
Sube el niño a la copa del árbol igual que un verano.
Un adulto camina sin mirar los rostros.
A otros mundos viaja el niño.
Un adulto camina sin mirar.
Trata el niño de indagar lo que hay más allá del azul.
Un adulto camina.
El niño sonríe.
Un adulto.
El niño se balancea en su árbol hasta el anochecer,
desconoce
que alguien camina sin mirar los rostros
hundidos en la acera.
de: Jorge G.
Un adulto camina sin mirar los rostros hundidos en la acera.
Los árboles observan al niño.
Un adulto camina sin mirar los rostros hundidos.
Sube el niño a la copa del árbol igual que un verano.
Un adulto camina sin mirar los rostros.
A otros mundos viaja el niño.
Un adulto camina sin mirar.
Trata el niño de indagar lo que hay más allá del azul.
Un adulto camina.
El niño sonríe.
Un adulto.
El niño se balancea en su árbol hasta el anochecer,
desconoce
que alguien camina sin mirar los rostros
hundidos en la acera.
de: Jorge G.
jueves, mayo 10, 2007
Blanca Varela gana premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana
La poeta peruana Blanca Varela, una de las voces más relevantes de la poesía latinoamericana contemporánea, obtuvo hoy el prestigioso premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
El galardón, dotado con 56.800 dólares, reconoce la obra de un autor vivo que "por su valor literario constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común iberoamericano y de España".
La concesión de este galardón coincide hoy con la entrega, en la sureña ciudad de Granada, del Premio Lorca de Poesía a la autora peruana, que no puede estar presente en la ceremonia por motivos de salud.
El premio Reina Sofía, con el que han sido distinguidos relevantes poetas latinoamericanos, es convocado anualmente por Patrimonio Nacional y la Universidad española de Salamanca.
En esta edición el jurado estuvo integrado por el poeta español Antonio Gamoneda, ganador de la pasada edición del galardón y Premio Cervantes 2006; el Premio Nobel de Literatura José Saramago; y el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, entre otras personalidades.
Blanca Varela es definida como "una gran figura de la poesía peruana que entre los años 50 y 80 cohesionó todo lo que se entendía por ser poeta y mujer".
Su obra poética recogida en el volumen Donde todo termina abre las alas se compone de media docena de libros, desde Ese puerto existe, Luz del día, Valses y otras confesiones o Canto villano.
Blanca Varela ha reconocido que su obra no hubiera sido la misma sin la ayuda del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, a quien conoció en París.
Varela es autora de una de las obras poéticas más valoradas de la poesía latinoamericana del siglo XX, perteneciente a la generación de los grandes poetas peruanos de los años 50.
Una autora que se alimentó de las corrientes surrealistas en la posguerra, época en la que se instaló en París y donde conoció a otros escritores como Jean Paul Sartre o Simone de Beauvoir.
EFE
POÉMAS
PUERTO SUPE
Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.
Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.
¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!
Allí destruyo con brillantes piedras
la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro escapa
y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.
Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación, un mismo tiempo
de chorreantes dedos y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.
Amo la costa, ese espejo muerto
en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos.
Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre ciego
pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía,
el que no quiere ver la noche.
Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente en donde lloro a solas.
HISTORIA
puedes contarme cualquier cosa
creer no es importante
lo que importa es que al aire mueva tus labios
o que tus labios muevan el aire
que fabules tu historia tu cuerpo
a toda hora sin tregua
como una llama que a nada se parece
sino a una llama
(De Valses y otras falsas confesiones)
A Vicente y Lorenzo
juega con la tierra
como con una pelota
báilala,
estréllala,
reviéntala
no es sino eso la tierra
tú en el jardín
mi guardavalla mi espantapájaros
mi atila mi niño
la tierra entre tus pies
gira como nunca
prodigiosamente bella
TERNERA ACOSADA POR TÁBANOS
podría describirla
¿tenía nariz ojos boca oídos?
¿tenía pies cabeza?
¿tenía extremidades?
sólo recuerdo al animal más tierno
llevando a cuestas
como otra piel
aquel halo de sucia luz
voraces aladas
sedientas bestezuelas
infamantes ángeles zumbadores
la perseguían
era la tierra ajena y la carne de nadie
tras la legaña
me deslumbró el milagro mortecino
la víspera el instinto la mirada
el sol nonato
¿era una niña un animal una idea?
ah señor qué horrible dolor en los ojos
qué agua amarga en la boca
de aquel intolerable mediodía
en que más rápida más lenta
más antigua y oscura que la muerte
a mi lado
coronada de moscas
pasó la vida.
ESTA MAÑANA SOY OTRA
esta mañana soy otra
toda la noche
el viento me dio alas
para caer
la sin sombra
la muerte
como una mala madre
me tocó bajo los ojos
entonces dividida
dando tumbos
de lo oscuro a lo oscuro
giré recién llegada
a la luz de esta línea
en pleno abismo
abriéndose
y cerrándose la línea
sin música
pero llamando
sin voz
pero llamando
sin palabras
llamando
CANTO VILLANO
y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío
rubens cebollas
lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne
mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos.
(De Canto villano)
martes, mayo 08, 2007
TIEMPO
Antes que llegue el momento
de ir a tierra y que los gusanos
nos disfruten,
todo tiene su tiempo.
Hay un tiempo para plantar
algunas matas de cogollo y uno para cosechar
de los negocios sucios.
Un tiempo para matar
al vecino,
a tu compañero,
al párroco,
y otro para reír
hasta que te cagues.
Un tiempo y otro para estar
de luto por un tiempo,
y uno para despedirse
antes que te pidan cuenta de todo.
Un tiempo para disfrazarse
de lo que nunca seremos,
y otro para odiar al mundo
por no atropearrullarnos.
Un tiempo para la guerra
violando a cuanto sombra se cruce,
y uno para la paz
ocultando a nuestros violados.
Hay un tiempo para nacer
con la fuerza de un erupción,
y otro tiempo para agonizar
como perro callejero
despedazado por las calles,
antes que llegue el día
de toda las sombras.
de ir a tierra y que los gusanos
nos disfruten,
todo tiene su tiempo.
Hay un tiempo para plantar
algunas matas de cogollo y uno para cosechar
de los negocios sucios.
Un tiempo para matar
al vecino,
a tu compañero,
al párroco,
y otro para reír
hasta que te cagues.
Un tiempo y otro para estar
de luto por un tiempo,
y uno para despedirse
antes que te pidan cuenta de todo.
Un tiempo para disfrazarse
de lo que nunca seremos,
y otro para odiar al mundo
por no atropearrullarnos.
Un tiempo para la guerra
violando a cuanto sombra se cruce,
y uno para la paz
ocultando a nuestros violados.
Hay un tiempo para nacer
con la fuerza de un erupción,
y otro tiempo para agonizar
como perro callejero
despedazado por las calles,
antes que llegue el día
de toda las sombras.
miércoles, mayo 02, 2007
ENTREVISTA INÉDITA AL POETA PERUANO JOSÉ WATANABE EL GUARDIÁN DEL HIELO (Revista Libros del Mercurio del 29-04-2007)
Con la muerte de Watanabe desaparece un autor fundamental de la generación a la que también pertenecen Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza. Su padre japonés y la añorada infancia en una hacienda azucarera marcaron su obra literaria, enraizada en la poesía de César Vallejo.
Por: BENJAMÍN LABATUT
"Nací en el norte del Perú, a quinientos kilómetros de Lima, en una hacienda azucarera con nombre del Lejano Oeste: Laredo. Era uno de los grandes enclaves azucareros del país, cerca de Trujillo. Ahí llegó mi padre como inmigrante japonés, conoció a mi madre y empezamos a nacer los once hijos. Yo fui el quinto".
"Nací en el norte del Perú, a quinientos kilómetros de Lima, en una hacienda azucarera con nombre del Lejano Oeste: Laredo. Era uno de los grandes enclaves azucareros del país, cerca de Trujillo. Ahí llegó mi padre como inmigrante japonés, conoció a mi madre y empezamos a nacer los once hijos. Yo fui el quinto".
En la medianoche del miércoles 25 de abril, el poeta peruano José Watanabe murió de cáncer a la garganta, a los 61 años de edad. Autor de La piedra alada, Álbum de familia, Historia Natural y la antología El Guardián del Hielo, Watanabe fue parte fundamental de la generación de poetas peruanos que incluye a Antonio Cisneros, Abelardo Sánchez León y Rodolfo Hinostroza. En su poesía cultivó un estilo directo, cargado de nostalgia, cuyas raíces se encuentran en su afinidad con Vallejo y en una biografía marcada por su doble herencia japonesa y serrana. En esta entrevista inédita, el poeta repasa su vida y obra.
- Tu padre tuvo una gran influencia en tu vida. ¿Cómo lo recuerdas?
- Mi padre llegó a Perú de forma aventurera. Imagínate, un japonés en una hacienda azucarera. Tenía otras costumbres. Para empezar, no era expansivo. En ese sentido respondía al estereotipo del japonés; él nunca me acarició, ni a mí ni a mis hermanos, aunque nos quería incondicionalmente. Nunca nos reprimió, simplemente nos enseñó que hay un cierto sentido de pudor, hasta de elegancia si quieres, en no ser demasiado aspaventoso. Además de eso, tenía comportamientos extraños: iba al campo y recogía piedras y maderas erosionadas por el río. Mis propios amigos le traían alguna cosa bonita que encontraban tirada en el campo y se la vendían. Mi padre pasaba por tonto porque se las compraba. Ahora entiendo que encontraba la belleza y la recogía, pero en ese momento yo me avergonzaba. Pero también tenía un espíritu muy poco japonés, en el sentido de que era un inútil para los negocios.
- ¿Y qué aprendiste de tu madre?
- Ella era una mujer muy estoica, también refrenada, con un carácter serrano. Yo le admiraba mucho ese ánimo. Cuando yo era pequeño padecimos muchas carencias económicas, y mi madre llevó adelante la casa con mucha dignidad. No era muy culta en el sentido educacional, pero terminó siendo una depositaria de sabiduría popular. Hay una de sus frases típicas que metí en un poema: cuando uno venía a quejarse con ella, te decía: "Tienes que aprender que la olla de barro en el fuego se hace más dura". Su apellido es Varas, muy chileno además.
- ¿Cómo recuerdas tu infancia?
- Yo fui muy feliz en Laredo, al margen de la modestia con que vivíamos. Tenía el campo, mi casa tenía como patio el campo mismo. No había peligro, ni riesgos. Creo que siempre escribo por nostalgia. Siempre estoy añorando mi infancia, el pueblo que quedó atrás, como Vallejo, que le escribía poemas a su madre estando en París.
- Pero luego tu padre se ganó la lotería...
- Mi padre fue a la capital del departamento, a Trujillo, un niño le vendió un billete de lotería, y se sacó el premio mayor. Yo tenía 12 años. Me acuerdo que ese día llegó y nos reunió, alrededor de la mesa iluminada por una lámpara de queroseno, y nos dijo: 'Vamos a irnos a vivir a la capital'. Cuando le preguntamos por qué, nos dijo que nos habíamos sacado la lotería. Era mucho dinero, como medio millón de dólares, pero él lo dijo así, como si estuviera anunciando algo común y corriente. Cuando llegamos a mi casa nueva, lo que más me impresionó fueron los artefactos. Una licuadora, cocina eléctrica, horno a gas, radio, todo era un poco extraño, tanto artefacto.
- ¿Cómo empezó tu vocación de poeta?
- Yo me encerraba en el corral de Laredo a modelar figuras de barro, con arcilla que recogía del río. Mi padre me traducía haikus ahí, en el gallinero. Pero yo empecé a sentir cierta vocación más consciente cuando murió mi padre, de cáncer al estómago. Yo tenía 17 años. Al mes siguiente mi primera enamorada tuvo una trombosis coronaria y falleció. Creo que ahí apareció la vocación de escribir.
- ¿Qué otras cosas fueron "endureciendo el barro"?
- El país mismo. El Perú es un lugar difícil, contradictorio. Yo creo que todo arte - creo que lo dijo Camus- es aquel que expresa la realidad y al mismo tiempo la rechaza. No puede haber un arte de aceptación. Yo creo que mi propio país estimula mi poesía. He estado afuera un montón de veces, pero no puedo dejarlo. Es extraño, porque no tengo un amor ideal hacia el país, sino que extraño sus contradicciones. Otra de las cosas complicadas es que soy noctámbulo. Eso ha afectado mucho mi estilo de vida. Yo siempre quise tener un amigo que esté despierto a las 3 de la mañana para llamarlo. Los que están deprimidos me llaman porque saben que soy el único despierto. De niño sentía una especie de desolación cuando me despertaba a las 3 de la mañana y empezaba a escuchar todos los ruidos de la fábrica: los trenes que salen a las cuatro de la mañana, los obreros que se lavan la boca en la calle. En la secundaria muchas veces ocupaba el primer lugar en el colegio porque como no tenía qué hacer de noche, estudiaba, leía.
- ¿Has dejado de escribir en algún minuto?
- Nunca he renunciado a la escritura, pero dejé de publicar 18 años después de mi primer libro, con el que gané el concurso "Joven Poeta del Perú". Luego vino El huso de la palabra. Hasta ahora siento un remanente de pudor si alguien me presenta como poeta. Cuando escribo poemas soy muy exigente. Corrijo incesantemente, aunque sea una o dos palabras. Esas palabras tienen que estar afiladas, estilísticamente bien puestas sin que se pierda el ímpetu inicial.
- ¿Qué importancia tiene el refrenamiento en tu poesía?
- En nuestra cultura occidental nos angustia el caos, nos angustia el absurdo. Tomar distancia nos angustia. Ver cómo el mundo fluye con sus contradicciones, y asumirlo así, con una mirada de alguna manera distanciada. Creo que ordenar el caos es un trabajo de lucidez. Y eso es lo único que nos justifica como seres humanos. No podemos solazarnos en el caos. El caos destruye. Ordenar el caos es una forma de supervivencia, es buscar sentido.
ANTOLOGIA en:
viernes, abril 27, 2007
Ascensor
Escarbo
en tu ombligo de carbón oxidado
desgastando
mis dedos hasta las coyunturas,
hundiéndome
en tus fauces; esas que trituran
un día frío al rasguñar
la espalda.
Y viajó
por tu intestino liso
en una camilla vertical; empapándome
de los ácidos y líquidos
que semejan un embrujo paralelo,
llenándome
de insectos el vientre.
Eres el insaciable Leviatán,
exprimes
las almas como lavandera que estruja
la ropa,
y no satisfecho
de las aflicciones que inflinges,
los vomitas
de piso en piso;
ahí terminarán
revolcándose en su noche.
en tu ombligo de carbón oxidado
desgastando
mis dedos hasta las coyunturas,
hundiéndome
en tus fauces; esas que trituran
un día frío al rasguñar
la espalda.
Y viajó
por tu intestino liso
en una camilla vertical; empapándome
de los ácidos y líquidos
que semejan un embrujo paralelo,
llenándome
de insectos el vientre.
Eres el insaciable Leviatán,
exprimes
las almas como lavandera que estruja
la ropa,
y no satisfecho
de las aflicciones que inflinges,
los vomitas
de piso en piso;
ahí terminarán
revolcándose en su noche.
viernes, abril 13, 2007
Guillermo Meléndez en Chile
Guillermo Meléndez (a la izquierda) nació en Galeana, N. L., el 25 de junio de 1947. Es licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Nuevo León.Autor de Perdido mas no tan loco (cuadernos El moro, Monterrey, 1979), Jacinto enloquecido ( STUANL, Monterrey, 1985), “Cifra incierta” (en el colectivo Estrategias de la nostalgia, UNAM, México, D. F., 1989), Astillas de arce (Escuela Normal Miguel F. Martínez, Monterrey, 1989), Diario del Sillayama (ayuntamiento de Guadalupe, N. L., 1993), La penúltima piel (Ediciones del azar, Chihuahua, 1994), Inmundi (ediciones Toque, Guadalajara, Jalisco, 1995), Memorias del aljibe (Libros de la mancuspia, Monterrey, 1998) y Ciudad del náufrago (Fondo de Cultura Económica, México, D. F., 2002).
JORNADA DEL PERDEDOR
I
Rueda el par de dados,
traen el tres
y se llevan mi apuesta
como simún arrasador,
como el que roba pobres
para armar la parranda
con zánganos reunidos al azar.
Desafortunado en el juego,
afortunado en amores,
me dice un compañero
que conoce bien
la cornamenta floja,
la fatiga carnal que llevó a las disputas
provocadas por el carcaj
del que incendia el corazón.
Le digo la hora.
Da gracias y se pierde.
Quise evitarla
antes de que me hablara
creyéndola mendiga.
El crisantemo:
una copa en mi mano
llena de lluvia
que se desborda y cae
en mis labios resecos.
La golondrina
escribe un telegrama,
lo envía Sin-Ichi.
En el cielo de junio leo:
“la tristeza nos une”.
La lagartija
es dragón, la boñiga
tarta de queso
para el escarabajo
que vive en el pesebre.
TERCERO
De una fiesta de quince años traje
este pedazo de pastel; el que lo rechazó,
al morderlo, encontró un pelo del pubis.
Al sentirlo en la punta de la lengua,
lo sacó de inmediato, se enjuagó con brandy
y con un gesto de asco dijo a su esposa:
vieja, vamos a bailar, en el momento
en que los músicos interpretaban el Mambo número 8.
Mientras notaba que su mujer había perdido agilidad
en hombros y caderas y que el conjunto
destruía infamemente la inspiración de Pérez Prado,
imaginó la escena de la panadería
donde el pastel del quinceaños se produjo.
Las cucarachas recorrían confiadas las láminas de hornear,
el gato dormía en la canasta del repartidor
y en la radio se escuchaba El rey de mil coronas.
El panadero fue al patio a desaguar
––después de sacudirlo guardó el pájaro,
cerró su bragueta, y sin lavarse las manos,
cantando a dúo con Lalo Mora, regresó a laborar.
Y así continuó, cantando y trabajando,
haciendo dueto con los artistas de una emisora
que transmitía toda la noche, así hasta colocar
una muñeca vestida de rosa en la cima del pastel,
sin percatarse que dejaba como sello de su creación
un rizado y grueso pelo de su pubis pelechador.
jueves, marzo 29, 2007
Dónde están los Vergara Toledo
Cada piedra que despunta el aire
es como un sable recorriendo a un cerdo,
quejumbrosa voz hastiada por engaños
de cortesanos y dragones;
Sólo sus suelas se avergüenzan
por alimentarnos de promesas,
de esas que son de barro,
esas que nunca llegan a alguna estación,
de esas que nos ahogan en los vertederos.
¿Dónde están los Vergara Toledo que residen
en las células de esta tribu?
Pondré un aviso buscándolos:
“Se busca a hermanos con espíritu indómito,
Hábiles con el fusil y los sueños,
que sepan revivir,
(por sangre o letra)
a este pueblo enfermo y mudo.”
Vamos,
Levantemos pancartas,
Levantemos los llantos por las murallas,
Levantemos las manos de piedras,
Levantemos las molotov
y de una vez,
seamos fieles
a lo que dictan nuestras arterias.
es como un sable recorriendo a un cerdo,
quejumbrosa voz hastiada por engaños
de cortesanos y dragones;
Sólo sus suelas se avergüenzan
por alimentarnos de promesas,
de esas que son de barro,
esas que nunca llegan a alguna estación,
de esas que nos ahogan en los vertederos.
¿Dónde están los Vergara Toledo que residen
en las células de esta tribu?
Pondré un aviso buscándolos:
“Se busca a hermanos con espíritu indómito,
Hábiles con el fusil y los sueños,
que sepan revivir,
(por sangre o letra)
a este pueblo enfermo y mudo.”
Vamos,
Levantemos pancartas,
Levantemos los llantos por las murallas,
Levantemos las manos de piedras,
Levantemos las molotov
y de una vez,
seamos fieles
a lo que dictan nuestras arterias.
jueves, marzo 22, 2007
No es que haya muerto
No es que haya muerto,
pero es como si lo fuera.
Muerto de mis pies,
no avanzan,
sólo buscan charlar con sombras.
Muerto de los brazos,
lánguidos,
pesados; creo que están en huelga
porque no han abrazado a una mujer.
Muerto de mis entrañas,
es de ahí donde sale todo el dolor.
Mi pelo está muerto,
día a día se suicida
descascarándose y cayéndose como el otoño.
Muerte de mi pecho,
como el reflejo en los ojos de un maniquí
como palabra que se perdió en el tiempo
y por perdida,
ya no se usa.
pero es como si lo fuera.
Muerto de mis pies,
no avanzan,
sólo buscan charlar con sombras.
Muerto de los brazos,
lánguidos,
pesados; creo que están en huelga
porque no han abrazado a una mujer.
Muerto de mis entrañas,
es de ahí donde sale todo el dolor.
Mi pelo está muerto,
día a día se suicida
descascarándose y cayéndose como el otoño.
Muerte de mi pecho,
como el reflejo en los ojos de un maniquí
como palabra que se perdió en el tiempo
y por perdida,
ya no se usa.
viernes, febrero 09, 2007
Magia a cada instante.
Cómo lo harán los gringos,
en las películas
no hay hueso que interrumpa.
Tendrán departamentos de encuentro furtivos,
de esos que acá están repleto
en horario de almuerzo
o los viernes en la tarde.
de esos donde se respiran sueños
como en Disney.
de esos que al terminar las 3 horas
mágicamente todo se trasforma;
donde había princesa y princeso,
Ahora hay jefe y secretaria
técnico y telefonista
enfermera y doctor
párroco y sacristán.
Cómo lo harán los gringos,
porque acá
hay magia a cada instante.
en las películas
no hay hueso que interrumpa.
Tendrán departamentos de encuentro furtivos,
de esos que acá están repleto
en horario de almuerzo
o los viernes en la tarde.
de esos donde se respiran sueños
como en Disney.
de esos que al terminar las 3 horas
mágicamente todo se trasforma;
donde había princesa y princeso,
Ahora hay jefe y secretaria
técnico y telefonista
enfermera y doctor
párroco y sacristán.
Cómo lo harán los gringos,
porque acá
hay magia a cada instante.
martes, enero 16, 2007
Incógnita
Qué difícil
es hacer investigación
en mi país.
Dicen que las de setenta
lo tienen calentito,
como las gitanillas
y las chechenias.
Ante esta gran incógnita
me veo en la obligación
de investigar
detalladamente
con el fin de espantar
las testeras que me siguen.
es hacer investigación
en mi país.
Dicen que las de setenta
lo tienen calentito,
como las gitanillas
y las chechenias.
Ante esta gran incógnita
me veo en la obligación
de investigar
detalladamente
con el fin de espantar
las testeras que me siguen.
viernes, enero 12, 2007
Apremio

Muchas veces me he sentido apremiado
hasta el punto de transpirar,
Es como estar en un baño ajeno sin papel
expulsando toda la humanidad,
toda la muerte, toda la vida y un sin fin de otras cosas más.
En esta situación todo es valido;
el calzoncillo, el calcetín
y hasta una parte de la camisa,
pero el pantalón ni ca…,
es lo que sostiene mis pasos.
Por eso, desde ahora,
cuando esté apremiado,
ya no me preocuparé;
siempre hay algo en que ocultarse
jueves, diciembre 14, 2006
Oración a María

AveMaría,
Postrada, derramada sobre el altar
mostrando tu corazón desnudo a los ojos hambrientos.
María, llena de gracia
atrápame en tus contornos santos y divinos
palpándonos en la humedad de la santificación.
Bendita eres,
bendita eres al moverte sinuosamente
afirmada de la testera luminosa
mientras con un rayo enciendes las pasiones.
Virgen santa,
con tus movimientos cadenciosos me limpias de culpas
mientras estoy apoyado en tu encrespado regazo.
Santa María,
Nunca te niegas a que beba de tu cuerpo en sacrificio,
arrebatándome
Socavándome en el disfrute de mis culpa
hasta agotar los gemidos
de este infierno sabatista,
ahora y en la hora de mi muerte.
Que así sea.
lunes, diciembre 11, 2006
Soborno a la Muerte
Moribundo tras la vidabundante lengua,
que sin un no sé,
va desesperanzándome antes de morir
sobre las ululantes y blanquecinas cunetas.
Esto no es un derroche de palabras en los lustrines del lenguaje,
es sólo un morir ondulante
hasta que los relentes salgan al encuentro
mezclándose con los látigos de las uñas.
Sin querer exagerar,
también es sólo tratar de huir
de los acordes peinados de la vida
antes que la muerte me alcance por detrás de las rodillas
y que susurrante muerda la clavícula,
se monte sobre mi ombligo,
preñándome,
sin que yo lo quiera,
con estos desdichados símbolos
que luego se diluirán en las sombras de los ojos.
que sin un no sé,
va desesperanzándome antes de morir
sobre las ululantes y blanquecinas cunetas.
Esto no es un derroche de palabras en los lustrines del lenguaje,
es sólo un morir ondulante
hasta que los relentes salgan al encuentro
mezclándose con los látigos de las uñas.
Sin querer exagerar,
también es sólo tratar de huir
de los acordes peinados de la vida
antes que la muerte me alcance por detrás de las rodillas
y que susurrante muerda la clavícula,
se monte sobre mi ombligo,
preñándome,
sin que yo lo quiera,
con estos desdichados símbolos
que luego se diluirán en las sombras de los ojos.
viernes, diciembre 01, 2006
Gamoneda, el poeta que ha sabido arrancar luz a la oscuridad
CARMEN SIGÚENZA (EFE)
MADRID.- Antonio Gamoneda, que se ha alzado con el premio más prestigioso de las letras hispanas, el Cervantes, es una de las voces más hondas y singulares de la poesía en lengua española, un poeta que ha hecho de la memoria, el dolor y la oscuridad su material poético, lleno de vida y consuelo.
Nacido en Oviedo el 30 de mayo de 1931, Antonio Gamoneda, a los dos años y tras la muerte de su padre, se trasladó a León con su madre, una ciudad en la que siempre ha vivido y donde dirige desde hace muchos años la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 por Francisco Giner de los Ríos con los principios de la Institución Libre de Enseñanza.
En los primeros años en León, y en medio de la dureza de la guerra y la posguerra, Antonio Gamoneda encontró en su madre y en las primeras lecturas, que empezaron con los poemas de su padre, un poeta modernista, el consuelo de tiempos duros y dificultades económicas.
De formación autodidacta y tras empezar a trabajar en 1945 como recadero en un banco durante muchos años, actividad que compaginó con estudios medios, Gamoneda publicó sus primeros poemas en 1960, como los escritos en 1947 'Sublevación inmóvil'. En ese mismo tiempo escribió 'Blues castellano', que entonces no editó por razones de censura.
Gamoneda comenzó así una poesía alimentada con su propia vida y experiencia, marcada siempre por "la huella ética que penetrará en toda su obra", como recordó el jurado del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana cuando le concedió el premio.
Incrustado solo por edad en la Generación de los 50, pero muy alejado del sentir poético con el que se inició este grupo inclinado por la poesía social, con el que no tuvo nada que ver, Antonio Gamoneda vivió activamente también los momentos de la resistencia antifranquista, un periodo en el que tomó más conciencia moral, si cabe, y que fue muy rico para su creación.
Después, muerto el dictador y tras años de silencio poético y de "frustración ideológica" volvió a dar otro ejemplo de coherencia creativa y ética con sus libros: 'Descripción de la mentira', 'Lápidas', 'Arden las pérdidas' o 'Libro del Frío'. Todos ellos marcados por la verdad trascendida, por la herida, por el dolor que queda tras la barbarie, la injusticia y la pérdida.
Doctor 'honoris causa' por la Universidad de León, Gamoneda también posee el premio Castilla y León de las Letras, el premio Nacional de Poesía en 1986 por 'Edad', y ha sido nominado al Premio Europa.
Su nombre está incluido en la prestigiosa antología 'Insulas extrañas' y su poesía completa (1947-2004) ha quedado reunida en el volumen 'Esta luz', editado por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
Aunque la mejor manera para conocer a Gamoneda es leer cualquier libro suyo, porque todos ellos son la crónica de su vida, sus poemas están enmarcados en la temporalidad.
"La poesía, en su esencialidad y en sus necesidades técnicas, es un arte de la memoria. Pero la memoria es siempre consciencia de pérdida (conciencia de lo que ya no está con nosotros o de lo que ya no es... conciencia de progresivo acercamiento a la muerte)", repite siempre el poeta.
Pero a esta certeza gamonediana de que la poesía existe porque sabemos que vamos a morir hay que añadir que fundamentalmente para este poeta: "la poesía tiene su causa y su finalidad en la creación de placer".Y este credo creativo lo dejó dicho el poeta en la Residencia de Estudiantes, el pasado 28 de junio: "Si ustedes leen las Coplas de Jorge Manrique es un poema desolador, pero está proporcionándonos un tipo de placer, díganselo ustedes a sí mismos. Según esto, la poesía, queramos o no, es el relato de cómo se avanza hacia la muerte, pero, simultáneamente, es también el arte de implicar placer en este relato".
MADRID.- Antonio Gamoneda, que se ha alzado con el premio más prestigioso de las letras hispanas, el Cervantes, es una de las voces más hondas y singulares de la poesía en lengua española, un poeta que ha hecho de la memoria, el dolor y la oscuridad su material poético, lleno de vida y consuelo.
Nacido en Oviedo el 30 de mayo de 1931, Antonio Gamoneda, a los dos años y tras la muerte de su padre, se trasladó a León con su madre, una ciudad en la que siempre ha vivido y donde dirige desde hace muchos años la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887 por Francisco Giner de los Ríos con los principios de la Institución Libre de Enseñanza.
En los primeros años en León, y en medio de la dureza de la guerra y la posguerra, Antonio Gamoneda encontró en su madre y en las primeras lecturas, que empezaron con los poemas de su padre, un poeta modernista, el consuelo de tiempos duros y dificultades económicas.
De formación autodidacta y tras empezar a trabajar en 1945 como recadero en un banco durante muchos años, actividad que compaginó con estudios medios, Gamoneda publicó sus primeros poemas en 1960, como los escritos en 1947 'Sublevación inmóvil'. En ese mismo tiempo escribió 'Blues castellano', que entonces no editó por razones de censura.
Gamoneda comenzó así una poesía alimentada con su propia vida y experiencia, marcada siempre por "la huella ética que penetrará en toda su obra", como recordó el jurado del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana cuando le concedió el premio.
Incrustado solo por edad en la Generación de los 50, pero muy alejado del sentir poético con el que se inició este grupo inclinado por la poesía social, con el que no tuvo nada que ver, Antonio Gamoneda vivió activamente también los momentos de la resistencia antifranquista, un periodo en el que tomó más conciencia moral, si cabe, y que fue muy rico para su creación.
Después, muerto el dictador y tras años de silencio poético y de "frustración ideológica" volvió a dar otro ejemplo de coherencia creativa y ética con sus libros: 'Descripción de la mentira', 'Lápidas', 'Arden las pérdidas' o 'Libro del Frío'. Todos ellos marcados por la verdad trascendida, por la herida, por el dolor que queda tras la barbarie, la injusticia y la pérdida.
Doctor 'honoris causa' por la Universidad de León, Gamoneda también posee el premio Castilla y León de las Letras, el premio Nacional de Poesía en 1986 por 'Edad', y ha sido nominado al Premio Europa.
Su nombre está incluido en la prestigiosa antología 'Insulas extrañas' y su poesía completa (1947-2004) ha quedado reunida en el volumen 'Esta luz', editado por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
Aunque la mejor manera para conocer a Gamoneda es leer cualquier libro suyo, porque todos ellos son la crónica de su vida, sus poemas están enmarcados en la temporalidad.
"La poesía, en su esencialidad y en sus necesidades técnicas, es un arte de la memoria. Pero la memoria es siempre consciencia de pérdida (conciencia de lo que ya no está con nosotros o de lo que ya no es... conciencia de progresivo acercamiento a la muerte)", repite siempre el poeta.
Pero a esta certeza gamonediana de que la poesía existe porque sabemos que vamos a morir hay que añadir que fundamentalmente para este poeta: "la poesía tiene su causa y su finalidad en la creación de placer".Y este credo creativo lo dejó dicho el poeta en la Residencia de Estudiantes, el pasado 28 de junio: "Si ustedes leen las Coplas de Jorge Manrique es un poema desolador, pero está proporcionándonos un tipo de placer, díganselo ustedes a sí mismos. Según esto, la poesía, queramos o no, es el relato de cómo se avanza hacia la muerte, pero, simultáneamente, es también el arte de implicar placer en este relato".
lunes, noviembre 27, 2006
El poeta debe escribir sin poner límites ni ocultarse

"El poeta debe escribir sin poner límites ni ocultarse, ser como el viento, ser llamarada, escribir con el fuego en la lengua, ser como el paso de mil voces y rayos, escribir con la pasión del amor en la entrega. El oficio de escribir, ganarse el día y la noche, la lenteja y la camisa, la paz y la guerra de su sangre. Es el espíritu el que carga las palabras de los creadores. Queremos llegar a todo lugar donde la palabra sea necesaria y su presencia ayude al desarrollo de los que vienen. La poesía va a abrir la puerta de par en par, para que el aire circule libre, sin ceremonias.
Lúcidos en el riesgo deben ser los poetas para practicar la libertad con vehemencia, compartir el trabajo de la existencia en común. Porque el poeta se enfrenta a la vida y puede perder la partida.
Escribir, escribir, en el riesgo de perder en cada verso la existencia".
de Edmundo Herrera
martes, noviembre 07, 2006
Al Otro día
Qué importa si al caer las tres
desérticos ramales expían el sol en una plaza pupilante.
Qué más da si las hojas tapan sus parpados al ronronear
antes que lleguen las cuatro montadas en los puntales.
Ahí,
sin que esto sea un swing,
no importando el atraganto de miradas,
nos escarbaremos en un lecho de ojos, divertimento y entornos.
Como si a la vez nosotros no pudiésemos desflorar
antes que las cinco asome su cogote.
O pájaros escupan sobre las persianas de nuestras vísceras
con su emplástica moralidad .
De todas formas,
sólo nos precipitaremos con caricias y susurros impúdicos;
mi torso besará el cielo mientras tu lo exorcizas
afuera
los perros sólo beberán de las sobras de nuestro baile
al ser vencida la tarde por las seis,
ya no importando mis cincuenta,
ni tus cuarenta y tanto,
sólo nos convertiremos en punteros entre un tiempo y otro.
(Mayo de 2006)
desérticos ramales expían el sol en una plaza pupilante.
Qué más da si las hojas tapan sus parpados al ronronear
antes que lleguen las cuatro montadas en los puntales.
Ahí,
sin que esto sea un swing,
no importando el atraganto de miradas,
nos escarbaremos en un lecho de ojos, divertimento y entornos.
Como si a la vez nosotros no pudiésemos desflorar
antes que las cinco asome su cogote.
O pájaros escupan sobre las persianas de nuestras vísceras
con su emplástica moralidad .
De todas formas,
sólo nos precipitaremos con caricias y susurros impúdicos;
mi torso besará el cielo mientras tu lo exorcizas
afuera
los perros sólo beberán de las sobras de nuestro baile
al ser vencida la tarde por las seis,
ya no importando mis cincuenta,
ni tus cuarenta y tanto,
sólo nos convertiremos en punteros entre un tiempo y otro.
(Mayo de 2006)
viernes, noviembre 03, 2006
Ultima versión de CAUTIVO
Cautivo
I
Qué más da,
si ya pasaron las muertes tendidas en los autobuses
y los caminos se disiparon en cada esquina de la soledad.
Qué más da si al mirarte me deleito.
Ahí estas,
Como laberinto en los flecos de mis ojos,
burlándote de los relojes, translúcida en los aparejos
de esta seca ciudad,
esperándome sin que lo sepas,
cautivándome sólo con el esbozo de tu sombra,
mi joven tierra.
II
Antes que el invierno expire
me trasformaré en crepúsculo,
sólo para arrullarte al naufragar en cada uno de tus recovecos
y estremecerte como un tren estremece la tierra cuando pasa;
sin importar ya los tiempos ni las distancias,
sólo tú y yo,
en alguna noche,
noche próxima,
noche de encuentro.
I
Qué más da,
si ya pasaron las muertes tendidas en los autobuses
y los caminos se disiparon en cada esquina de la soledad.
Qué más da si al mirarte me deleito.
Ahí estas,
Como laberinto en los flecos de mis ojos,
burlándote de los relojes, translúcida en los aparejos
de esta seca ciudad,
esperándome sin que lo sepas,
cautivándome sólo con el esbozo de tu sombra,
mi joven tierra.
II
Antes que el invierno expire
me trasformaré en crepúsculo,
sólo para arrullarte al naufragar en cada uno de tus recovecos
y estremecerte como un tren estremece la tierra cuando pasa;
sin importar ya los tiempos ni las distancias,
sólo tú y yo,
en alguna noche,
noche próxima,
noche de encuentro.
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